Vicente Luy o la intensidad

Luego de años de una vida atormentada y de excesos, Vicente Luy falleció en 2012 en Salta. Había nacido en 1961 en Córdoba y era nieto del poeta español Juan Larrea (quien se hizo cargo de criarlo desde que tenía apenas cinco meses, ya que sus padres murieron en un accidente). No le tuvo miedo a la provocación y a emprender proyectos y un modo de vida que lo llevó a dilapidar varias herencias. En 1991 publicó Caricatura de un enfermo de amor, punto de partida de una existencia de poeta intenso y rebelde. Luego le seguirían La vida en Córdoba (1999), Aviones (2002), No le pidan peras a Cúper (2003), La sexualidad de Gabriela Sabatini (2006) y Vicente le habla al pueblo (2007), entre otros.

A fines de los noventa creó un sitio de apuestas on-line, y para promocionar su poesía realizó performances, acciones urbanas e hizo grandes inversiones en afiches en la vía pública. Tuvo una relación difícil con el ambiente literario cordobés, quizás por eso frecuentó a muchos escritores y artistas de Buenos Aires, con quienes participó en diversos eventos. Es la clase de persona a quien, por una u otra historia o anécdota y por el modo en que éstas suelen propagarse, el mito está siempre a punto de robarle protagonismo a la obra. Su poesía, vitalista, reniega de las convenciones y los corset, en muchos casos necesitada de tomar la vida y llevarla a la página con toda sus impurezas e imperfecciones.

La editorial cordobesa Caballo Negro acaba de publicar su poesía reunida: Escribir no es importante. Hablamos con su editor, Alejo Carbonell, quien nos da algunas pistas para pensar el aporte de Vicente Luy, más allá de la mitología que se ha construido en torno a su nombre.

¿Cómo fue el proceso que llevó a la publicación de la poesía reunida de Vicente Luy? ¿Lo volviste a leer y tomaste la decisión de publicarlo o ya tenías ganas de antes e hiciste una relectura de su obra?

Nosotros en los últimos años venimos haciendo una especie de genealogía de la literatura de Córdoba. Recortada, por supuesto, con limitaciones, pero de repente tenemos libros de María Teresa Andruetto, de Elena Anníbali, de Lucas Tejerina, la poesía completa de Glauce Baldovin, la poesía reunida de Diego Cortés, textos de Jorge Barón Biza… en ese contexto tarde o temprano estaba bien trabajar en un libro de Luy. Por otra parte, los procesos de maduración de un catálogo son fundamentales, si vos tenés un recorrido muy corto, de poquitos libros, es más difícil encarar libros que requieran mucha energía y elaboración, porque puede llegar a quedarte grande y entonces en vez de honrarlo lo hundís. En nuestro caso este libro sale después del de Diego Cortés y dialogan a la perfección.

¿Qué efecto te produjo la lectura continua de sus libros? 

No había leído hasta ahora su primer libro, Caricatura de un enfermo de amor y fue una revelación porque creo que luego escribe contra ese libro, contra la lírica de esos primeros poemas. Hay poemas que fueron publicados en más de un libro y se ve también en las diferentes versiones, a veces en detalles mínimos, hacia dónde quiere ir. Y creo que entre ese primer libro y todos los que vinieron luego cambia sustancialmente el lector que imagina.

Aunque en mi currículum no se especifique, siempre
privilegié el tener sobre el ser. Hay cosas que no se
cambian con la cabeza, ni se deciden.
Entro. Beso a la perra Nani. Armo una pipa. Amo la
vida que tengo, no la que vivo.
Podría cerrar los ojos y abrirme como un paraguas;
podría ser griego. Pero en el fondo no quiero.
Soy religioso. Temo, y espero.

De La vida en Córdoba (1999)

Respecto a la edición, ¿tomaron alguna decisión especial en cuanto a selección y organización del libro?

Hay un orden cronológico, por orden de aparición de sus libros. Y luego la selección de los poemas tuvo la intención de tomar todo el arco de intereses de Vicente, tanto en temas, preocupaciones, como estéticos. Hay poemas que quedaron afuera porque si los adaptábamos a nuestro formato perdían el encanto.

La obra de Vicente Luy circuló de manera un poco extraña en Córdoba. En algunos ambientes tuvo una buena recepción y en otros no tanto. ¿Cuáles pensás que fueron los motivos? ¿Hay algo de su obra que es reactivo a los nombres dominantes de la poesía de la ciudad?

Lo conocí en el 2007, cuando lo publicamos en La Creciente. Y tal vez haya sido el momento en que más se acercó a lo que escribían sus contemporáneos cordobeses. Todos más chicos que él. Me da la sensación de que nunca se quiso afiliar al ambiente literario –por lo menos al de acá– y ese desinterés tuvo un natural ida y vuelta. Era más del rock también, es probable que sus intereses hayan sido otros, discutir otras cosas y con otra gente, no con los poetas, críticos y los editores.

Sobre la república oriental
un DC9 estalla en mil pedazos
y al otro día sale el sol.
Perros ladrando entre los pinos,
gotitas que recién llovió.
No dieron con la caja negra.
Nadie lo filmó.
Ningún felino alzó la vista
al cielo.
No pregunten más. No pidan detalles.
Primero va a hablar el cura,
después el rabino. Y
si algún otro quiere hacer uso
que se anote con el oficial Vega…
el negrito que está allá.-

De Aviones (2002)

¿Te parece que es posible buscarle una tradición ya sea en Córdoba o, en líneas más generales, en la poesía y la literatura de Córdoba? 

Estética, en Córdoba, no. Sí en el modo de pararse frente al sistema literario, o frente al modo de hacer las cosas que predomina para ser leído, que creo que comparte con Diego Cortés y Carlos Busqued, entre otros. Por el contrario, creo que para muchos inicia, si no una tradición, al menos un modo de decir, una especie de identidad. Se pueden distinguir en muchos poetas jóvenes las marcas de Luy, sus códigos.

A pesar de esa circulación restringida en su propia ciudad, en Buenos Aires se unió a muchos otros poetas e incluso fundó un grupo, Verbonautas. ¿Su obra y su vida sintonizaba más con ciertos ambientes y movidas porteñas que con las de Córdoba? 

No lo sé, me parece que mientras que sus amigos de Buenos Aires en determinado momento fueron centrales en una escena, sus amigos de por acá estaban más bien desinteresados, en los bordes, de lo que pasaba en la Córdoba literaria hegemónica. También es cierto que frecuentaba músicos, fotógrafos…

La amiga de mi amiga se pinta los labios
y hace pis en el jardín,
yo miro el partido.
La amiga de mi amiga
se acerca y se sienta.
Tremendas distancias
pinchadas como un globo.
Blancas amapolas.
Les digo que las amo a ambas
pero en realidad las quiero todas.
Mi centro es hueco.
Visitado por montón de esquizos,
radiografiado muestra:
alas como muescas,
y a mí en la cama,
monitoreando.
A la amiga de mi amiga
no la dejo sacarse los zapatos.
“Ni se te ocurra”,
aclara su amiga
volviendo de la cocina con la botella.

De No le pidan peras a Cúper (2003)

¿Qué opinión tenés de su obra más performática que realizó en la ciudad de Córdoba? ¿Te parece valioso situar esas acciones dentro de su obra escrita, o más bien crees que se sitúan por fuera? 

Era un espectáculo escucharlo, no leía, recitaba, tenía un tono un poco mesiánico, de todos modos tengo la sensación de que su interés máximo como poeta era hacer buenos libros, que circulen y sean leídos, y que todo lo demás era para apoyar o difundir eso. Para edificarlo.

A propósito de esto, en su obra está muy acentuada su crítica a Córdoba y sus valores. ¿Cómo ves esta cuestión? 

No diría acentuada, lo recuerdo como una especie de liberal romántico que se ofendía frente a algunas situaciones y las denunciaba, que podían ser una violación, un acto de gobierno, un partido de fútbol arreglado… Pasa que la Córdoba conservadora te brinda muchas oportunidades.

¿Cómo te parece que funcionó su biografía y toda la mitología que se generó en torno a él? ¿Favorecieron su lectura o por el contrario impidieron que se lo leyera mejor? 

Quisiera decir que «impidieron que se lo leyera mejor», pero no sé si se puede dirimir así, en mejor o peor leído. A veces uno lee como quiere, a veces como puede. Lo que sí creo es que por momentos ha sido leído con mucho morbo, con la biografía por delante. Y sí, todos tenemos una biografía, no hay por qué negarla, y la de Vicente fascina a todo el mundo, el tema es la ecualización de toda esa historia en relación a su poesía.  Por otro lado, era un poeta que sabía manejar el efecto, sabía lo que sus lectores querían. Un poco los construyó. Pero es más poeta que los veinte poemas breves y eficaces que están dando vuelta por las redes desde hace años.

 

Soy bipolar; tengo un 80% de discapacidad
aceptado por la provincia.
Pero me declaro imputable.
A todos los efectos.
No soy testigo de mi ser; participo.

De Plan de operaciones (2012, póstumo)

Ilustracion: Luis Lorenzi

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