Vivir al borde (sobre Tetris de Gustavo Oña)

                                “Lo que necesitaba mi padre, en el caso
de necesitar algo del otro, era un
testigo de su soledad”

                                                                                                                                                                                                                             Gustavo Oña

 

En Tetris, de Gustavo Oña (psicólogo y autor de varios libros de narrativa), sucede lo opuesto al clásico juego de los años 80. El hilo de los siete cuentos es lo que no anda, lo que no funciona, lo que no encaja en la vida de sus personajes. El narrador abre senderos, circuitos por donde pasa la vida, y su escritura es clara y sencilla como los habitantes de esta polis: mujeres, hombres, locos, cuerdos, ancianos, jóvenes. Con un estilo vanguardista, Tetris invita a contrarrestar el destino marcado, resistirse a la estúpida soledad de un geríatrico imaginando morir en brazos de una pelirroja o negarse al determinismo fatal de pintar mandalas en un neuropsiquiátrico.

El primer cuento, “Los primos”, se inicia con una separación: alguien parte, otro se queda, el teléfono suena. Mónica, madre de Gabriel, le pide al narrador que interne a su hijo en la clínica psiquiátrica. El narrador dice esa frase que tantos pensamos en los enredos del lenguaje:

“Quise decirle que se las arreglen solos y que llamen una ambulancia, o a la policía.
Y contesté: -Mañana paso, Mónica, no hay problema.
Es increíble la distancia que existe entre lo que pienso y lo que digo.»

El viaje a la clínica nos transporta a recuerdos de la infancia. La amistad de dos niños que tramaron un primer nombre: los amigos del barro -para no decir del barrio- y  lo que sucede en algunos encuentros mágicos de esa época. Estos lazos se aventuran en un amor de pactos, y de amigos pasan a presentarse como “primos”. En ese tiempo lo que prende como fulgor es el juego. Siempre jugar puede salvarnos del dolor, esa es la propuesta del escritor. Frente a la consigna “hacer bicho bolita” se realiza una apuesta: el arte de esconderse jugando, hacer “como si  pudiéramos desaparecer” frente a la mirada de los otros. El arte consiste en doblar el cuerpo y dejarlo caer, tirarse, esconderse, meterse en ese mundo animal, hacerse un cuerpo que escuche el latido del corazón, que esconda la cabeza un poco camuflado y luego se estire como otro bicho del lugar para enfrentar el peligro. Esto se transformará en un código cómplice.

«¡Bicho bolita!», grita el protagonista a Gabriel que, camino a la clínica psiquiátrica, recuerda el código y se agarra con fuerza a un recurso de la infancia. Cada uno tiene una manera de armarse un escudo frente al susto y esa es la lectura del autor.

En cada caída como la que decanta este cuento inicial, aparece un instante de vacío.Los cuentos que siguen arman escenas donde lo familiar despliega sus bordes; a veces hay padres fallidos  como el del inicio del cuento “ Corré, loco, corré” donde el humor triunfa iniciando con una anécdota: “El  hombre desnudo que corre desesperadamente con un bebé en brazos, lamentablemente: soy yo”.

Es el humor y la tragedia lo que  se lee en cada oración. La figura del antihéroe acompañado del humor. Los  padres coronados, los incipientes, los que se pierden. Podríamos pensar que hay un tratado de padres y de hombres que se debaten en los cuentos que siguen en el libro.

Gustavo Oña nos transmite distintas formas de caer en la vida y nos lleva a ciertas preguntas: ¿qué hacer cuando nos separamos, cuando los amores no resultan, cuando la locura amenaza a la vida? El autor da cuenta de su sensibilidad y su escucha atenta, en una obra literaria que le permitirá al lector encontrar la belleza en lo acotado de la vida.


Tetris
Gustavo Oña
Ediciones Recoveco
80 páginas
2021

Autor

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