Zarpazo (Engañapichanga 15)

para Mushkin

No hay que olvidar nada.

Philip Roth, Patrimonio

 

Envidio a quienes pudieron o pueden ser cómplices o amigos de su padre. Esa falta quedará en mí como una carencia permanente, de las que no cicatrizan. Hablo de mi padre, porque mi mamá pecó por debilidad, por ceguera, por miedo, por buenos deseos, pero él lo que hizo fue por falta de amor. Cómo decirlo… lo mejor que puedo sentir hacia él a veces es indiferencia, y también indiferencia ante mi imposibilidad de perdonarlo. Está muerto, ya no hay nada que hacer, aunque sí me gustaría que esté en algún lugar desde donde pueda sentir mi… falta de amor. Ah, siempre quedan cosas dando vueltas, enredadas en la botamanga, ¿no?… es como caminar por un bosque seco… Vamos, diga algo Ud., reaccione, le estoy dando en bandeja un bocado sabroso, ah gracias… los pañuelitos… ¿están ahí?…

Es imposible modificar la trama en profundidad. Hay brillos, relámpagos, soles y lunas, pero inmediatamente algo sucede, una sombra pasa sobre las almas, la incomprensión más cruda y desnuda se evidencia. Puede ser una mirada, un suspiro, o en mi caso, a veces, tonteras: una broma mal recibida, no comprendida, y la piel se hiere, se rasga, quedo maltrecho. Rápido cicatriza, claro, el afecto de la sangre se mantiene entero, pero la piel muestra el rasguño… Me acuerdo de las heridas que a veces me hacía Mushkin, mi gato anterior a Piru, del que escribí mucho pero nunca el final. Alguna vez lo haré.  Era un zarpazo certero, velocísimo, una respuesta inmediata a un dolor que le producía sin querer, por ejemplo al cepillarlo y rasparlo. La garra como una flecha salta y corta la piel apenas, pero sí que duele… son sus dagas voladoras. Y después Mushkin, igual que los miembros de una familia, que adivinan la gravedad de la ofensa inconsciente, escapa fuera de mi alcance, se detiene, me mira atento y yo inmediatamente lo perdono.

Mire, terminé los pañuelitos, qué desastre, le voy a comprar una caja entera… Ya estoy bien, ya pasó…

Autores

  • Licenciado en Cine UNC, luego integrante del LTL. Vivió exiliado 10 años y a su regreso, en 1984, fue director de teatro de varios grupos reconocidos y docente en Cine y Teatro de la UNC, de donde se jubiló en 2017. Desde 2008 escribe novelas y relatos autobiográficos. Ya tiene 16 libros publicados, entre los que se destacan El chico y Perla, un retrato del vínculo con su madre.

  • Ilustrador, artista plástico, humorista. Publica y publicó en todos los medios que vale la pena. Hace buenos asados, vive con Marisa y tiene un perro que se llama Teo.

Un comentario

  • Me escribe una amiga italiana y me acaricia el alma:
    Traduzco:
    Leo Engañapichanga.
    Me parece extraordinario. Me gustan los detalles, los descartes, las leves ondulaciones de tu escritura… de tu llevarnos a nosotros (nosotros lectores) a la largo del río/flujo.. nosotros mismos casi comprometidos en una nuestra personal sesión psicoanalítica, en un terreno mezclado de cosas dentro y fuera de nosotros, de nosotros y de los demás…
    Es un remedio.
    Leggo Enganapichanga
    Lo trovo straordinario. Gusto tutti i dettagli, gli scarti, le leggere increspature della tua scrittura…del tuo portarci (noi lettori) lungo il corso del fiume/flusso…noi stessi quasi coinvolti in una propria personale seduta psicanalitica, in quel terreno mescolato di dentro e fuori di noi, di noi e gli altri…
    È un medicamento.

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